Neurociencia del dolor y acortamiento muscular: tres sistemas, un efector final
Mauro Lastrico, Laura Manni – Fisioterapeutas
El acortamiento muscular no es un fenómeno aleatorio. Es el resultado de mecanismos fisiológicos precisos que conducen al aumento del tono basal. Cuando este aumento persiste en el tiempo, involucra progresivamente el componente de tejido conectivo de la fibra muscular, produciendo el acortamiento residual permanente observado en el análisis segmentario. Tres sistemas diferentes utilizan el músculo como su efector final: el sistema psicosomático, el sistema neurofisiológico y el sistema biomecánico. Cada uno puede actuar de forma independiente o en sinergia con los otros. Esta distinción guía las estrategias terapéuticas.
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El modelo psicosomático: coraza del carácter y coraza muscular
Las primeras formulaciones sobre la relación entre estructura del carácter y estructura muscular se remontan a la década de 1920 con Wilhelm Reich y posteriormente Alexander Lowen. Según esta visión, las tensiones acumuladas en el cuerpo y las actitudes dirigidas a bloquear las emociones dan lugar a una doble coraza: coraza del carácter y coraza muscular.
La formación de la coraza corporal se produce a través de la elevación del tono basal — exceso de tensión en la porción contráctil de la fibra muscular. Si esta condición persiste, la porción conectiva se involucra, produciendo un acortamiento real que a su vez altera la secuencia articular fisiológica. Un estado miotensivo de origen emocional puede por tanto evolucionar y asociarse a un problema biomecánico.
El modelo neurofisiológico: reflejos protectores y reflejos antálgicos
El tono muscular es la resultante de procesos psico-neurofisiológicos dentro del sistema tónico postural. Los centros corticales procesan los objetivos motores — el «qué» de la acción — mientras que los centros subcorticales regulan la ejecución — el «cómo» — a través de patrones neurales automatizados. Cuanto menos precisamente el esquema corporal está representado neuralmente, más el sistema muscular se activa con exceso de tensión a través de cocontracciones innecesarias y patrones sustitutivos.
Los centros subcorticales activan dos tipos de mecanismos protectores:
Los mecanismos fisiológicos son contracciones musculares mantenidas después de un evento traumático ortopédico. Ejemplo: en un esguince de tobillo, los centros subcorticales envían una señal de contracción a todos los músculos periarticulares para inmovilizar la articulación. La contracción continúa hasta que las estructuras lesionadas se reparan. La duración es proporcional al daño, y también lo es el acortamiento residual.
Los mecanismos funcionales son el núcleo del modelo. Se distinguen como:
Reflejo antálgico a posteriori: contracción mantenida para reducir o eliminar el dolor existente. Las personas con dolor agudo adoptan configuraciones corporales contorsionadas pero refieren que «así se siente un poco mejor». Esta estrategia es útil en la situación inmediata pero, si persiste, se convierte en causa de conflictos mecánicos adicionales.
Reflejo antálgico a priori: contracción permanentemente activa cuyo propósito es impedir que los conflictos mecánicos latentes se manifiesten. El acortamiento muscular progresivo, mientras no genere conflicto por sí mismo, previene la deslatentización del malestar musculoesquelético. Los centros subcorticales utilizan el sistema muscular distribuyendo acortamientos para alterar todas las secuencias articulares sistémicamente con el fin de evitar, durante el mayor tiempo posible, los conflictos locales.
El reflejo antálgico a priori se manifiesta también a través de la adopción de configuraciones corporales específicas y elecciones motoras no aleatorias. Inicialmente estas restricciones son inconscientes — uno «siente» la necesidad de moverse de cierta manera. Si el acortamiento se vuelve más pronunciado, las restricciones se hacen conscientes: «no puedo estar sentado mucho tiempo porque si no...», «no puedo caminar despacio porque si no...».
El modelo biomecánico: del borde del caos a la rigidez
Cuando las fuerzas musculares están equilibradas a baja intensidad, el sistema está al borde del caos: la estabilidad y la movilidad articular coexisten, y pequeñas cantidades de energía bastan para pasar de un estado a otro. Si el equilibrio se produce a alta intensidad, la axialidad esquelética sigue siendo posible pero el movimiento requiere más energía, los elementos estáticos prevalecen sobre los dinámicos y el sistema se vuelve rígido.
Si el tono basal elevado persiste, los músculos dominantes producen desequilibrio vectorial. El sistema se adapta al precio de desalineaciones esqueléticas segmentarias. Los centros de masa ya no están alineados, las fuerzas G y R se concentran en áreas restringidas de las superficies articulares, y se desencadena un circuito autorreforzante: centros de masa desalineados → aumento del tono basal → acortamiento conectivo → mayor desalineación.
Integración de los tres sistemas
Los tres sistemas son interdependientes: cualquiera que sea el sistema primariamente implicado en el desequilibrio, los otros deben implementar estrategias adaptativas. La acción final siempre converge en el sistema muscular a través del aumento del tono basal y la contracción muscular, produciendo acortamiento de la porción conectiva y perpetuando el desequilibrio. La desalineación a su vez se convierte en causa de contracción muscular y elevación del tono: el circuito es autorreforzante independientemente del origen.
Fundamentos físicos del modelo. Este artículo aplica el modelo biomecánico AIFiMM. Sus fundamentos físicos se desarrollan en tres artículos consecutivos, que conviene leer en orden:
- Cómo el acortamiento muscular genera conflicto articular — por qué los músculos se acortan y el modelo de Fuerza Resistente / Fuerza Motriz
- ¿Realmente los músculos antigravitatorios se oponen a la gravedad? — cómo la desalineación segmentaria aumenta la Fuerza Resistente
- Por qué se desarrolla el conflicto articular: análisis vectorial de las fuerzas musculares — cómo se identifican y predicen las fuerzas responsables